domingo, 11 de febrero de 2007

Feelings aren´t what they seem to be

El paso del tiempo ha sembrado en mi la leve sospecha de que algunas cosas no son lo que parecen ser. No, la amistad, el amor, los sentimientos... los sentimientos no son lo que parecen.
Como aquella canción que en algún momento nos conmovió y que, pasado algún tiempo, al volverla a escuchar notamos era un total bodrio, las impresiones que tuvimos sobre algunas personas parecen seguir el mismo camino; algunas amistades, algunos amores parecen haber sido pura ilusión.

¿Cuántos conservan alguna relación con amigos de la infancia?
Sospecho que pocos, o ninguno; personalmente, hace ya mucho me alejé del que fue mi mejor amigo... por alguna cuestión de polleras en la adolescencia... para ser más preciso, creo que la pollera en cuestión era la de su propia hermana, pero eso no viene a cuento.

¿Y los compañeros del secundario?
Ni siquiera hablo de todos, hablo de ese escogido grupo con el que fuimos a Bariloche, ese al que creíamos unía alguna relación especial; esos compañeros (finalmente resultaron ser solo eso) con los que nos sentimos como hermanos al cantar abrazados la famosa canción de Vox Dei (o alguna otra sensiblera de Rock nacional) y con los que pensamos existía un vínculo tan fuerte que ni siquiera el tiempo, que todo lo borra, que todo lo destruye, podía perturbar. Qué quedó de todo eso, supongo que en la mayoría de los casos la respuesta será la misma: poco o nada.

¿Y los grandes amores?
Amén de los sucesivos enamoramientos hacia toda clase de maestras, desde Anabel en el jardín de infantes, pasando por un par de maestras primarias y llegando a Ms. Rosales (English teacher en el industrial), creo que mi primer gran amor lo sentí por una chica que conocí en el ya mencionado viaje. Fue lo primero que vi al subir al micro y en ese preciso momento supe que, como pocas, me iba a marcar de por vida. No viene a cuento lo que fue la relación, solo cabe mencionar que, como dice el tango "la luz de un fósforo fue, nuestro amor verdadero, duró tan poco, tal vez, como la luz que da el lucero".

Uno de esos borrachos de club de barrio, entre gancia y gancia, filosofaba al respecto: "Primera lección: parece improbable que dos personas* se quieran del mismo modo y al mismo tiempo... en vez de una, el amor parece ser la unión de dos llamas pero, como sabemos, nunca dos fósforos se queman al mismo tiempo**... puede que la llama de uno se extinga y el otro no se de cuenta, o no quiera hacerlo; por eso sigue insistiendo... pero la apatía al final te termina venciendo, te va desgastando, y los encuentros se hacen cada vez más distantes".
En mi caso, además de la apatía, tuve que luchar con la distancia. Así y todo, cada vez con menos frecuencia, montaba raudo la autopista y, con una excusa tipo "andaba por acá", la invitaba a tomar un café en la esquina de su casa.

Entre Ríos y San Juan, barrio de Balbanera, la última vez que entramos a ese bar noté todo muy cambiado, habían pasado dos años. No se si fue el influjo de la historia del lugar, el estar cerca de ese "San Juan y Boedo antiguo (cielo perdido)"que describe Manzi o fue ese humor oscuro y desesperado que a veces me invade. Solo se que repentinamente lo entendí, y me encontré con la mirada perdida en sus ojos, tan negros como el brebaje negro que tomábamos, pronunciándole palabras de otro tango... "Ahora que estoy frente a vos, parecemos, ya ves, dos extraños". No hizo falta continuar la frase, ambos la conocíamos y acordábamos en eso... "lección que por fin aprendí, como cambian las cosas los años". De regreso a casa supe que no nos volveríamos a ver, ambos pasamos la velada en compañía de un total desconocido al que solo nos unía un recuerdo, el pasado, algo que ya no es; por tanto nada.

Alejándome de cuestiones autobiográficas que solo sirven de ejemplo y son mayormente puro invento, retomando el quid pro quo, cabe preguntarse -tanto respecto a amistades u amores- si es cierto que los años cambian las cosas, si en realidad lo que cambia no somos nosotros mismos o si, como reza el título, si los sentimientos no son lo que parecen. Tengo la leve sospecha de que esto último, sin menoscabo de las otras opciones, es lo que más se acerca a la realidad.

Volviendo a los dichos de aquel diletante de barrio "al finá, la ingerencia de uno tanto en actividades sociales como amorosas parece responder más a una necesidad impuesta que a un vínculo real... es cierto que uno disfruta del estar con amigos, del reunirse, del salir... pero el tiempo me llenó de desengaños, con un poco de tiempo y distancia de por medio la mirada retrospectiva puede ver con claridad meridiana que lo único que había era la necesidad de satisfacer imposiciones sociales; tener pareja o tener amigos es como tener un auto... todas esas cosas parecen ser pura imposición social".
Por supuesto, habrá que tomar distancia de los dichos de tan particular personaje; aceptarlos de plano sería hundirse en el desasosiego y en la más profunda inmovilidad existencialista. Sin embargo son difíciles de refutar.

Por mi parte, a pesar de esta certeza racional de que los sentimientos no son lo que parecen, les sigo dando crédito, sino a qué vivir. Muestra de esto es que cada tanto me pegunto que haría si ella volviera. Probablemente, aunque a sabiendas de ya a esta altura debe ser una total desconocida, le/me daría otra oportunidad; solo por dar crédito a aquello que alguna vez sentimos, solo por creer que no fue solo una ilusión de los dos. También a veces, al ver acercarse el fin de una etapa, presagio que inexorablemente el tiempo me alejará de muchos con los que hoy estoy***, por eso cada tanto me revelo y les armo algo de cisco, para tratar de evitar la pérdida o, mejor dicho, para llevármelos conmigo si no puedo evitar la partida.

Firmado:
El que mucho aprieta poco abarca.

*Luego aclara "no es que yo sea un bigardón, lo que pasa es que si aumento el número de participantes las posibilidades de concomitancia se acotan todavía más".
** La metáfora no es del todo feliz, no estamos hechos de lo mismo, en los humanos el combustible que enciende las llamas parece externo, por eso, al contrario de lo que pasa con los fósforos, puede que ardamos intensamente durante mucho tiempo o que prendamos una llama tenue y que dure "lo que un pedo en un canasto"; en nuestro caso no se cumple la relación duración/intensidad.
***De algunos no me importa alejarme, de otros si; he aprendido a dividir a las personas en estas dos categorías y no quieran saber de que lado de la lista están.

8 comentarios:

ariello dijo...

este si describiera una sensacion seria nostalgia,un color? el gris,tamto como pasear por esos barrios y recordar(esto me toca por recuerdos y por tANGO)que todo lo que ya se vivio es una parte mas de la propia historia de cada uno..le pongo 7 por lo extenso.

Anónimo dijo...

Este esta lindo y bien escrito. ME gusto. tambien la idea esta buena Yo le pongo 8.
Emc
Al margen: ,
No coincido mucho con lo que dice. EN realidad, antes veia las cosas exactamente asi, pero ahora que soy vieja las veo de otra forma. Y si, los "amores" que se describen terminan indefectiblemente en eso (recuerdos). Pero el amor verdadero no. No pasa. Se transforma con el tiempo, pero no en un recuerdo.

Anónimo dijo...

Para mi esto es bien profundo. Más allá de que no coincido en muchas cosas de las que menciona. Este escrito me transmite sinceridad, dolor y respeto.

Para mi es 9

Pastorcita

reinita dijo...

Muy extenso. Bien la asociación entre melancolía, barrios y tango.
le pongo un 8.

C dijo...

Me gustó mucho el clima, está bien escrito, armonioso (tal vez por la trilogia que dice reinita nostalgia-barrio-tango), pero le faltó síntesis, 8.

El hombre veleta dijo...

menos mal que debía ser sintético... sin dudas, la frase del borracho, desbordante de sabiduría, es lo que más rescato de todo este "choclazo". Es un 6.5 para usted, y aprenda a no derrochar palabras

Anónimo dijo...

Valoro sus aportes, ya estaba pensando en que necesito practicar hacer escritos que no superen la página... todo un desafío.

el topo dijo...

Esta muy bien escrito, es una leccion de prosa sencilla y efectiva... Aunque no coincido con el planteo que guia la argumentacion... Por otra parte me veo obligado a bajar la puntuacion porque se extiende demasiado y tiene muchas aclaraciones. Eu sé –porque tengo el mismo defecto- que lo bueno, si es breve... mejor.
Cerramos con un 8... no, mejor un 8,61...